Rigoberta Menchú llama a niñas y adolescentes indígenas a mantener lucha y liderazgo

La Premio Nobel de la Paz participó en mesa en la que se abordó la importancia de la preservación de las culturas originarias, lenguas y tradiciones, durante FIL Pensamiento 2025

Como parte de las actividades del programa FIL Pensamiento, dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) 2025, tuvo lugar la mesa “El poder de las voces indígenas: niñas y adolescentes indígenas como agentes de cambio”; un espacio para dialogar sobre los desafíos y oportunidades que enfrentan las niñas indígenas en la actualidad y destacar su participación en la preservación de las culturas, lenguas y tradiciones originarias.

 

A su vez, se resaltó su contribución en los movimientos de lucha por la justicia social de sus pueblos, destacando la importancia del empoderamiento, liderazgo y activismo, cruciales para la construcción de paz en sus comunidades.

 

En esta mesa, organizada por el Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo (CEED), del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), participaron la Premio Nobel de la Paz (1992), Rigoberta Menchú; el representante de la UNICEF en México, Fernando Carrera Castro; la joven de origen mazahua y promotora cultural Natalia Velázquez Ramírez; la joven wixarika y artesana Anahí Carrillo Reza, y Omar Avilés González, Director del CEED, quien fungió como moderador.

 

La Rectora General de la Universidad de Guadalajara (UdeG), maestra Karla Planter Pérez, al inaugurar la mesa, destacó que nuestro país es uno de los más ricos y diversos en cuanto a culturas, y llamó a la sociedad a participar y formar parte de las realidades que parecen ajenas a las nuestras.

 

“Ésta será una charla muy enriquecedora, llena de conocimiento y donde se combinarán experiencias y reflexiones para resaltar la importancia de la voz de las mujeres indígenas en la preservación de sus culturas y tradiciones”, dijo.

 

Para iniciar la conversación, Rigoberta Menchú recalcó la importancia del relevo generacional, y le pidió a las jóvenes indígenas seguir en el camino de la lucha y la transformación.

 

Nunca permitas que les hagan vivir de una manera indigna; veo en ustedes el liderazgo y la fortaleza para seguir con lo que se ha logrado durante estos años”, dijo.

 

Fernando Carrera pidió escuchar con igualdad y respeto, potenciando siempre la diversidad de las voces, incluyendo a los pueblos originarios y afrodescendientes.

 

“Tenemos la percepción de que tenemos que darle voz a los pueblos indígenas, pero eso es un pensamiento colonialista y racista. Su sabiduría se defiende por sí sola y nuestro trabajo es escucharles y aprender”, agregó.

 

Natalia Velázquez, con tan sólo 16 años de edad, declaró sentirse orgullosa por ser partícipe de esta mesa, lugar que ocupa gracias a sus ancestras, quienes continuaron con la lucha por la dignidad y el respeto de los pueblos originarios.

 

“Yo he habitado dos mundos diferentes y eso, de alguna manera, destruye nuestra libertad. Vivimos discriminados, pero no por ello puedo abandonar mis raíces, mi lengua y a mi comunidad; no puedo ocultarme por miedo a la represión. Estoy contenta de estar aquí y de que existan estos espacios de escucha y reflexión”, mencionó.

 

Con 13 años de edad, Anahí Carrillo Reza destacó que ella ha vivido el desplazamiento familiar por la búsqueda de mejores oportunidades laborales; sin embargo, es en su comunidad donde ha encontrado la confianza para seguir defendiendo su identidad.

 

“En un futuro me gustaría convertirme en abogada para poder defender a mi comunidad. Quiero estar en la cima y ayudar a mi gente a defender sus derechos; poder salir a la calle sin miedo a la discriminación y a la poca visibilidad que tenemos como comunidad”, expresó.

 

Entre otros temas, Rigoberta Menchú mencionó la falta de oportunidades debido a la alfabetización tardía de las comunidades indígenas jóvenes, ya que, según dijo, “es complicado habitar un mundo donde hay gente que nació mamando el español, mamando las palabras”.

 

Las personas indígenas somos un tanque de pensamientos acumulados –añadió Menchú–. Expresar en otro idioma las ideas es algo muy difícil. Me alegra que las nuevas generaciones de niñas indígenas tengan la oportunidad de estar dentro del sistema educativo, aprender español; pero lo ideal sería buscar combinar esos dos mundos sin la necesidad de desaparecer nada”.

 

Para la activista, lo que necesitan las culturas indígenas es una mayor representación en los puestos artísticos y de toma de decisiones, ya que su presencia se extiende a más de 94 países. Tan sólo en México existen al menos 66 lenguas originarias; sin embargo, las escuelas multiculturales son mínimas y no responden a las necesidades de la población.

 

“No estamos en el arte, en la poesía, ni en la educación. Necesitamos derribar esos conceptos y el sistema forzado del colonialismo para que ambos mundos puedan converger”, compartió.

 

Dirigiéndose al público, Natalia dijo sentirse motivada, y que lo que más le gustaría es que generaciones debajo de ella puedan ocupar cargos y espacios de opinión; pidió también respeto a las comunidades indígenas y sus tradiciones.

 

“No somos un árbol de navidad, ni un accesorio; nuestra vestimenta y lengua son sagradas y representativas. Les pido que nos escuchen y normalicen nuestro quehacer diario. Yo soy parte de esta tierra, no soy una extranjera, ni una migrante y tengo derecho a habitar estos espacios”, dijo.

 

Rigoberta Menchú pidió a los jóvenes de todas las latitudes valorar y servir al otro, tomando en cuenta sus diferencias, dejando a un lado el paternalismo y la indiferencia para recalcar lo más importante que es la humanidad y su lenguaje universal.

 

“Jóvenes, no esperen a que los inviten a involucrarse en temas de política, cultura y comunidad, porque estos temas del ahora impactarán en el mañana”, concluyó.

 

         

Atentamente: 
“Piensa y Trabaja”
“1925-2025. Un Siglo de Pensar y Trabajar”
Guadalajara, Jalisco, 30 de noviembre de 2025

 

Texto: Anashely Fernanda Elizondo Corres
Fotografía: Fernanda Velazquez