Estudio del CUCBA detecta daño al ADN en personas expuestas a sustancias tóxicas del Río Santiago

Las poblaciones estudiadas fueron las de El Salto, Juanacatlán, Puente Grande, la cuenca del Ahogado y la Ribera de Chapala

Un estudio de investigadores del Departamento de Biología Celular y Molecular, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, reveló que la exposición permanente a los contaminantes y metales pesados del Río Santiago no sólo provoca cáncer y daño renal, sino que afecta el ADN dejando a las personas con alta vulnerabilidad a enfermedades de todo tipo y con la posibilidad de que hereden este daño genético a sus hijas e hijos. 

 

La investigación, iniciada en 2015 y repetida el año pasado, revela que se incrementó la presencia de sustancias tóxicas en el afluente como el mercurio, plomo, cadmio y cromo, y detectó pesticidas nuevos como paration metilo, clorpirifos, etion y amitraz.

 

El doctor Carlos Álvarez Moya, Director del Instituto de Biología y Genética Molecular del CUCBA, dio a conocer que el equipo de investigación tomó muestras de sangre a 150 personas en poblaciones como El Salto, Juanacatlán, Puente Grande, la cuenca del Ahogado y la Ribera del Lago Chapala, en la que encontraron distintos niveles de daño en el ADN, producto de agentes genotóxicos en el agua y en el aire. 

 

Explicó que mediante la prueba de biología molecular llamada “Cometa” expusieron partículas de sangre de los pobladores en el que comprobaron que al contacto con las sustancias en el agua el ADN se vuelve endeble y se desintegra, formando una estela o "cola" similar a la de un cometa. A más desintegración del material genético, mayor es el daño que presenta la persona portadora. 

 

“Hemos encontrado que esas aguas efectivamente tienen contaminantes capaces de alterar la estructura del ADN, es decir, genes que se pueden alterar y en un momento dado conducir al desarrollo de cáncer. Esto corrobora muchos de los dichos de los pobladores que se encuentran viviendo aledaños a este río”, dijo.

 

Aunque todas las muestras presentaron daño genético, el nivel de este se diferenciaba según las características de cada lugar, siendo Puente Grande donde mayores afectaciones encontraron.

 

“Nuestro estudio mostró que, por ejemplo, en la cuenca del Ahogado había un daño, pero se incrementaba después cuando se mezclaba con compuestos químicos en El Salto, y luego parece que hay una reacción entre ellos, y en Puente Grande el daño todavía era mayor. Lo que significa que a lo largo de la cuenca del Lerma Chapala Santiago todas las poblaciones que estén al lado y que consumen o estén en contacto con estas aguas, también tienen un riesgo”, enfatizó.

 

El equipo de investigación comprobó que el agua es el factor de daño genético, luego de exponer sangre de personas sanas a los contaminantes, lo que dio como resultado que estas células presentaran niveles de destrucción de ADN similares o mayores a los que presentaron las de las 150 muestras de pobladores, agregó el investigador.

 

La doctora Mónica Reynoso Silva, Jefa del Laboratorio de Mutagénesis Ambiental, del Departamento de Biología Celular y Molecular del CUCBA, señaló que el daño al ADN que ya tienen las personas puede ser heredado a su descendencia si no se revierte.

 

Si esas mutaciones son en las células germinales se pueden heredar a nuestros hijos. Lamentablemente un pequeño porcentaje del 5 por ciento de esas mutaciones son heredables, lo que conlleva a enfermedades o síndromes” como de Down y Turner”, señaló.

 

Los especialistas señalaron que este daño genético sí se puede revertir dejando de exponerse a los tóxicos, pero con alimentación que genere protección celular y antioxidante. 

 

Fernando Manuel Guadalupe Guzmán Rubio, estudiante de licenciatura en Biología; y el biólogo Guadalupe Alejandro Ixtlahuaca Robles, estudiante de la maestría Biosistemática, Ecología y Manejo de Recursos Naturales y Agrícolas, ambos del CUCBA, desarrollan estudios para comprueban que la flor de jamaica, los cítricos y los frutos rojos pueden ayudar a combatir el daño genético provocado por pesticidas como el glifosato y metales pesados como el mercurio.

 

El proyecto de Guzmán Rubio analiza las propiedades de la flor de jamaica y su capacidad para reducir significativamente el daño en células humanas sometidas a herbicidas. La investigación de Ixtlahuaca Robles trabaja con el uso de resveratrol, presente en frutos rojos y secos, y ácido ascórbico o vitamina C, sustancias accesibles para la población mediante alimentos o suplementos de bajo costo y que ayudan a neutralizar la toxicidad del glifosato y sus formulaciones comerciales.

 

Seguimos investigando con ello en distintos tipos de concentraciones de jamaica contra distintas concentraciones de genotóxicos, para saber el potencial que puede llegar a tener. En estudios pasados los cálices rojos (pétalos) de la jamaica pudieron determinar una protección de 50 por ciento de las células dañadas con glifosato, dijo

 

Para conocer a fondo este proyecto se puede consultar el reportaje de Gaceta UdeG “La estela tóxica del Río Santiago”: https://www.gaceta.udg.mx/rio-santiago-una-estela-de-efectos-toxicos/ 

 

 

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Texto: Prensa UdeG
Fotografía: Iván Lara González