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31 de marzo de 1914 –Nacimiento del Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz

Por Julia Dajandra
 
Surtidores de jade, jardines de obsidiana, torres de mármol, alta belleza armada contra el tiempo.
Un día rozó mi mano toda esa gloria erguida.
Octavio Paz (1958)
 
En plena primavera, cuando el sol irradia sobre el Valle de México y fija la eternidad en un instante, nace Octavio Ireneo Paz y Lozano, en el número 14 de la pequeña calle de Venecia, en la ciudad de México, el 31 de marzo de 1914. Le divertía que los pocos conocedores de ese detalle lo llamasen “un poeta veneciano”. De dinastía letrada, fue hijo de un intelectual zapatista, el abogado Octavio Paz Solórzano, y nieto de un periodista liberal, Ireneo Paz. 
 
Su producción literaria comienza desde joven, en aquellos años transcurridos en la Escuela Nacional Preparatoria a donde ingresó en 1930, y no la abandonará hasta su muerte. En 1933 ingresa, sin mayor vocación por las leyes, a la Facultad de Derecho de la UNAM. Sin embargo en 1936, tras la muerte de su padre, abandona los estudios de derecho para dedicarse de lleno a la vida literaria y a la militancia política. En 1937 recibe la noticia de que ha sido invitado oficialmente, gracias a Alberti y Neruda, al II Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia. Para viajar a España con Elena Garro, se casa con ella el 25 de mayo. En este país tiene contacto con poetas como Alberti y Antonio Machado. Ese mismo año presenta Raíz del hombre, el primer libro de poesía que reconoce como propio. Más tarde, durante su estancia en París como embajador, comienza a asistir a las reuniones surrealistas en el café Le Cyrano de la Place Blanche, donde conoce a Breton. Paz se convierte en la principal figura literaria latinoamericana en París. 
 
Le toca vivir el turbulento siglo XX y a veces es difícil decidir entre la libertad poética y la poesía comprometida. Por ello diría en Itinerario (1993): “Yo no encontraba oposición entre la poesía y la revolución: las dos eran facetas del mismo movimiento, dos alas de la misma pasión. Esta creencia me uniría más tarde a los surrealistas”.  
 
Entusiasta como era del acontecer mexicano, en agosto de 1945 se deja persuadir por el dramaturgo Rodolfo Usigli y el poeta José Gorostiza de ingresar formalmente al servicio diplomático. Además de ser embajador de México en París, lo fue en Tokio y la India. Sin embargo, ante la masacre contra estudiantes ocurrida en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, renuncia a la embajada de México, gesto aplaudido por la mayoría de los intelectuales mexicanos.
 
Tuvo tres grandes mujeres en su vida: la escritora Elena Garro, con quien procrea a su hija Laura Helena Paz Garro; la artista italiana Bona Tibertelli de Pisis, a la cual conoce en Ginebra en 1953; y el amor de su vida, la francesa Marie José Paz (o Marilló, como le gustaba nombrarla).  Con ella contrae nupcias en 1966. 
 
Autor prolífico de poesía y ensayo. Compartía con su maestro André Breton el desdén por la novela. Como su abuelo, aunque con inigualable sofisticación, hizo de su obra ensayística un recorrido de principio a fin por la historia nacional. Hijo de la Revolución mexicana, viviría obsesionado con el matrimonio o el divorcio entre esta y la Revolución rusa. Para cortar ese nudo escribió los fascinantes poemas largos y memoriosos de los años setenta: “Nocturno de San Ildefonso”, “Vuelta” y Pasado en claro. Otra de sus obsesiones históricas fue la aurora que se convirtió en pira sangrienta, el comunismo del siglo XX. En Pequeña crónica de grandes días (1990) resume sus visiones sobre los regímenes comunistas.
 
Escribió en diversas revistas y diarios. En 1938 funda con Huerta, Rafael Solana y Alberto Quintero Álvarez su primera revista literaria de importancia: Taller (1938-1941). Colabora en el gran diario de la izquierda mexicana, El Popular, pero suspende su participación en agosto de 1939, estupefacto ante el pacto Hitler-Stalin. En marzo de 1943 empieza a publicar una columna semanal en El Universal, donde comienza a hacerse las preguntas sobre el mexicano que serán la materia de El laberinto de la soledad, obra ensayística que es publicada en 1950 y reseñada por José Vasconcelos. Durante ese mismo año funda El hijo pródigo, una revista de mayor exigencia estética que Taller y con mayor autonomía política. En 1971 aparece la revista de alcance hispanoamericano y de orientación liberal y democrática, Plural, dependiente del diario Excélsior; mas el golpe gubernamental que sufre este periódico en 1976 obliga al grupo de Octavio Paz a renunciar a la revista. Es así como surge Vuelta (1976-1998), núcleo de la familia intelectual paziana, que era grande.
 
Paz no solo fue un poeta de lenta maduración, sino un editor caprichoso y vehemente de su propia poesía. Además traductor de poesía francesa, inglesa, catalana, portuguesa, sueca, sánscrita, china y japonesa. En 1974 aparece la primera edición de Versiones y diversiones, una recolección de sus traducciones poéticas. 
 
Entre sus libros de poesía podemos encontrar: Libertad bajo palabra (1949), la primera recopilación en la que recoge su poesía; ¿Águila o sol? (1951), libro pleno en prosa surrealista; La estación violenta (1958), el cual incluye “Piedra de sol” y es su primer gran libro de poemas; Salamandra (1962), predilecto de muchos lectores; Ladera Este (1969), poemas que escribió durante su estancia en la India; Pasado en claro (1975), su primer poema autobiográfico. En 1987 publica Árbol adentro, su último libro de poemas. En cuanto a sus ensayos destacan: Piedra de sol (1957); Las peras del olmo (1957), su primera colección de artículos y ensayos; Postdata (1970), una reflexión sobre lo que ocurrió en México desde la escritura de El laberinto de la soledad; Xavier Villaurrutia en persona y obra (1978); Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982); Hombres en su siglo y otros ensayos (1984). 
 
Recibió varios e importantes premios: El internacional de la Bienal de Knokke-le Zoute, Bélgica (1963), el cual lo coloca por primera vez en la lista de los aspirantes al Premio Nobel; el Premio Nacional de Literatura (1977); la Gran Águila de Oro (1979), premio del festival internacional del libro en Niza;  Premio Cervantes (1981); Premio Internacional Alfonso Reyes (1986); Premio Internacional Marcelino Menéndez Pelayo (1987), en Santander, España; Premio Alexis de Tocqueville (1989), en Valognes, Normandía; Premio Nobel de Literatura (1990), primer mexicano en obtenerlo y décimo en lengua española. Por otra parte, su libro El arco y la lira (1956) recibe el Premio Xavier Villaurrutia; en 1993 Vuelta obtiene en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias.
 
El poeta visionario, como lo llamó Max Aub, o el jefe espiritual de nuestra cultura, como gusta nombrarlo Christopher Domínguez Michael, menciona en el prólogo a su Obra poética I (1996): “Los poemas […] son mis respuestas y mis reacciones ante las circunstancias de mi existencia y sus estímulos exteriores o interiores”. Escoge como compañía final de sus días la lectura de Neruda, su enemigo más querido, y Quevedo. Meses antes de su muerte, al despedirse “oficialmente” de amigos, admiradores y políticos, pide que seamos dignos del sol del Valle de México, el sol que pobló su poesía, nacimiento y muerte. Se va de este mundo sublunar, como a él le gustaba llamarlo, un primaveral abril 19 de 1998 (el mismo día que Lord Byron). Es velado en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes en calidad de poeta nacional. Tuvo que decir adiós a esas pequeñas presencias, “a ese pájaro que es un poco de brisa en una rama”. Quizá musitando algunos de sus versos:
No he sido Don Quijote,
no deshice ningún entuerto
(aunque a veces
me han apedreado los galeotes)
     pero quiero,
como él, morir con los ojos abiertos.
[…]
     Pido
no la iluminación:
abrir los ojos,
mirar, tocar al mundo
con mirada de sol que se retira.
 
Bibliografía 
Domínguez, C. (2014). Octavio Paz en su siglo. México: Aguilar.
 
 
 
 
 

Créditos

Texto: Julia Dajandra

Imagen: Raúl Dávila

Fecha de publicación: 
Domingo 31 de Marzo de 2019
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