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14 de septiembre de 1983 – Nacimiento de la cantante británica Amy Winehouse

Retrato en acuarela de la cantante Amy Winehouse

La música vibra en todo el cuerpo, no conoce barreras lingüísticas, culturales o ideológicas, solo eriza la piel. El mensaje se envía y el receptor mueve los pies; la cabeza niega y asiente al compás del ritmo que marca. La ganadora de cinco premios Grammy, la cantante y compositora, Amy Winehouse, logró que no solo Reino Unido cantara sus canciones, sino todo el mundo. Su voz inundó y se impregnó en la esencia del soul, del jazz y, ¿por qué no?, del ska. La británica nació un 14 de septiembre de 1983, en la capital del Reino Unido.

La vocación la llamó a la temprana edad de trece años; con una guitarra y su voz inició la conquista de un público hambriento de música real, con una exponente que sintiera lo que cantaba, lo que tocaba. Con la impetuosidad y arrebato que la juventud ofrece, Amy debuta con su álbum Frank en 2003, homenajeando a Frank Sinatra con una digna propuesta para recordar a “la voz” que no solo perpetuó una generación, sino la misma existencia de la música. El éxito arrasó sin demora, y con un breve pasado musical la joven cantante le entregaba al mundo un sorbo de frescura, de amor fragmentado. Las letras de sus canciones recuerdan que el amor es el gran motor de aquellos creyentes de la posibilidad al fracaso, en la brevedad de la vida. La melodiosa cadencia en cada trozo de Frank, combinado con su voz, la posicionaban como una mujer inolvidable.

La fragilidad del instante, ante el alma de un artista, provocaron la debacle de una relación amorosa intoxicante. Las notas constantes en publicaciones amarillistas permearon el nombre de la británica; el gran talento se opacó y solo se sumaba el acoso de los fotógrafos, a la intromisión en la vida privada de una figura pública, pues los límites se esfumaban ante la imagen de una Winehouse consumiendo sustancias ilegales.

Con la promesa de seguir el trabajo sembrado en Frank, se lanza en 2006 su segundo álbum de estudio Back to Black, y es entonces cuando llega el reconocimiento internacional. La presencia en el escenario de la londinense era innegable: con un peinado colmena, los ojos marcadamente delineados en negro, los brazos tatuados y su voz, hacían que cualquiera volteara a escucharla, a verla, convirtiendo un concierto suyo en todo un espectáculo irrepetible. Un año después se lanza Back To Black: B-Side. La promesa de mejorar y entregarse por completo a la música no se rompió, ya que acercó la distancia con Estados Unidos, al obtener seis nominaciones a los premios Grammy; cinco volaron para el Reino Unido, pues Amy no logró recogerlos dado que le negaron el visado.

Con más de 12 millones de copias vendidas con su álbum Back To Black, Amy logra consolidar su estética en los escenarios: con vestidos cortos que recuerdan la moda de los años sesenta, y músicos enfundados en trajes hechos a la medida, la cantante se muestra segura de sí misma, con arrebato en sus letras, como un creador muestra el panorama agridulce de la vida, de la ausencia del amor. La apodada “voz blanca del soul”, hipnotiza al público con la cadencia de un devenir sentimental: “We only said goodbye with words/I died a hundred times/You go back to her/And I go back to black”, dice la canción que le da nombre al disco.

La presencia de Amy en la música abre una brecha para la voz femenina en el Reino Unido, pero bien se puede nombrar a la cantante Duffy con su álbum de estudio Rockferry (2008), ganando el premio Grammy por mejor álbum de pop vocal, el mismo año de su lanzamiento. Sin duda la cantante Adele, con su sencillo que recorrió el mundo Rolling in the Deep (2011), evoca esa potente voz que rompe el esquema y une a miles de personas al unísono. Ambas han reconocido la influencia de Winehouse en su vida profesional, enorgulleciendo la posición femenina de una generación.

En lo alto de una carrera prometedora, se despide Winehouse el 23 de junio de 2011, con un sinfín de rumores respecto de su desaparición. Sus discos se consagran en el imaginario colectivo; la mujer que se atrevió a ser un ícono no solo en la música, sino también en el mundo de la moda. Temerosa en vida, confesó no estar segura de superar el éxito de su segundo disco.

Resulta imposible no pensar en Juan Rulfo, mismo que se despidió de la creación literaria con dos grandes obras El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955); mismas que cambiaron el rumbo de la literatura mexicana, brindando orgullo e identidad a todo un pueblo. Ambos artistas dejaron una estela de grandeza a su paso, incomparable, pero alentador para todos los que se acercan y les muestran un posible camino; tanto para cantarle al amor y el desamor desde una potente voz femenina, como para explorar toda una realidad onírica en un escenario inhóspito de las entrañas de una tierra árida. Sin duda, se celebra la obra de grandes artistas, leyendo y escuchado su creación.  

Créditos

  • Texto: Isabel Juárez-Vallarta
  • Imagen: Karina Alejandra Rosette y Omar López Cárdenas

CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión.

 

Fecha de publicación: 
Viernes 14 de Septiembre de 2018
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