Escudo de la Universidad de Guadalajara
Formulario de búsqueda

 

23 de marzo de 1910 - Nace el cineasta japonés Akira Kurosawa

De clic para abrir el articulo

Para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood debió ser fácil conceder un Oscar honorario a Akira Kurosawa en 1990: el director japonés ya era un sensei, había ganado una Palma de oro en Cannes –Kagemuscha (La sombra del guerrero, 1980)-, dos Leones de oro en Venecia – Rashomon (1950) y Los siete samuráis (1954) - , un Oso en Berlín - Kakushi toride no san akunin (La fortaleza escondida, 1958)- , un Oscar a la mejor película en idioma extranjero – Derzu Uzala (El cazador, 1975)- entre muchos otros premios. Lo difícil era decidir quién de los miembros de la Academia tenía la estatura para entregar el premio. El honor lo tuvieron Steven Spielberg y George Lucas, que más que honrar a Kurosawa, usaron su fama para presentarlo a las nuevas generaciones fanáticas de Star Wars e Indiana Jones.

Akira Kurosawa nació en Tokio el 23 de marzo de 1910, se formó como pintor -habilidad que más tarde usó para sus guiones ilustrados y eventualmente los carteles de sus películas- antes de entrar al cine como asistente de director.  Cinco años después, en 1943 empezó a dirigir y en 1948 Yoidore tenshi (El ángel ebrio) ya fue una historia con su estilo propio.

El cine de Kurosawa se asocia a peleas de samuráis o épicas de clanes en el Japón medieval. Una fama bien ganada con Los siete samuráis, Yojimbo (El mercenario, 1961) Kagemuscha o Ran (Caos, 1985) narraciones propias o adaptaciones en un estilo visual deslumbrante que van desde el blanco y negro cuidadosamente matizado hasta colores que parecen físicamente imposibles conseguidos sin efectos de computadora. Pero tan importantes son éstas películas en su filmografía como las de temas cotidianos como Ikiru (Vivir, 1952), sobre un burócrata al que le diagnostican una enfermedad terminal o Madadayo (Espera un poco / Todavía no, 1992), una celebración de cumpleaños para un maestro; o las historias cortas de Yume (Sueños, 1990), en el que Martin Scorsese hace el papel de Vincent Van Gogh.

Todas las películas de Akira Kurosawa, con 8 actores o con cinco mil extras apelan a una historia personal contada con sensibilidad, el mismo director decía que el tema común en sus películas era “¿por qué la gente no se puede llevar bien?”. Esta pregunta está presente y ancla el cine de Kurosawa haciendo que su perfeccionismo tenga profundidad y sentido.

Hay muchas anécdotas sobre lo estricto que era Kurosawa con la puesta en cámara de las escenas. Chris Marker muestra en su documental A.K. (1985) cómo Kurosawa hizo, durante la filmación de Ran, que pintaran de negro un campo de trigo para después ver las pruebas y decidir que no era lo mejor. Sus asistentes cuentan de gritos como “esa lluvia no cae de la forma correcta”, “el arroyo corre en el sentido opuesto”, “el humo no se esparce como quiero”. Pero para ser justos con Kurosawa San debemos añadir que sus actores dicen haber sido tratados con mucho respeto y aprecio. Toshiro Mifune, con el que colaboró en 17 películas, dejó de trabajar con él fastidiado por su perfeccionismo pero nunca lo acusó de falta de consideración. Por fortuna para los espectadores tanto la pasión por los detalles como el afecto a los actores, se refleja en la pantalla en 31 películas, de las que el 25% son imprescindibles en la historia del cine contemporáneo.

Otros dos grandes maestros del cine japonés Yazuhiro Ozu y Kenji Mizoguchi, iniciaron su trabajo una década antes que Kurosawa pero tardaron más en ser reconocidos fuera de su país.  Muchos expertos arguyen que la profundidad filosófica y sentido poético de la obra de Ozu o Mizoguchi son superiores a la de Kurosawa; es posible, pero cuando Rashomon llegó al occidente en 1951, después de ganar el Festival de Venecia el cine japonés era prácticamente desconocido. Este relato pirandelliano que cuestiona la verdad y la maldad en cuatro versiones de un crimen abrió las puertas para el cine japonés desde la obra de Shohei Imamura  hasta la del moderno Naomi Kawase.

La noche en la que Spielberg le entregó el Oscar honorario lo llamó “el más grande cineasta vivo”.  Kurosawa agradeció diciendo “no sé si merezco este premio, me preocupa, creo que aún no logro entender la esencia del cine.” Gracias a sus películas, esa esencia, es un poco más clara para sus espectadores. A.K. fallecería ocho años después de este reconocimiento - un 6 de septiembre de 1998 en Tokio- no sin antes añadir a su filmografía dos obras más.

Enlaces de interés

Créditos

  • Texto: Lucy Virgen
  • Ilustración: Marco Sierra

​CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión

Fecha de publicación: 
Jueves 23 de Marzo de 2017
Compartir en Google Plus