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10 de mayo - Día de la madre en México

Da clic para leer el articulo especial por el día de las madres ¡Muchas felicidades!

Mi regalo del día de la madre

A mi mamá

Mi hijo despierta y luego va a despertarme. Me levanto al baño mientras ya le dejé la ropa para que se vaya vistiendo. Bajo a abrirle a la llave de la regadera para que vaya saliéndose el agua fría pero pongo una cubeta para no tirar el agua. Mientras sale la caliente, le hago el chocomilk al chiquillo y voy poniendo muy bajito a calentar el chilorio para el desayuno de los grandes. Me meto a bañar rapidísimo (tengo sólo el tiempo del calentamiento del chilorio), salgo y le apago a la estufa. Abro la computadora para echarle un vistazo a este texto. Lo leo. No me acaba de gustar. Dejo la compu abierta mientras subo a vestirme. Mientras lo hago soluciono, en mi cabeza, las cosas que no me gustan. Me arreglo rapidísimo. Bajo. Sirvo el desayuno. Como de pie mientras le doy los últimos toques al texto. Ay…se me quemó la tortilla...

Mientras todo esto sucede, mi pareja se baña. ¿Te suena conocido? Entonces, eres mamá ¡Feliz día de la madre! Seguramente el día de hoy ya recibiste enemil felicitaciones, tus abrazos y hasta una flor.

Pero ¿qué te parece si, este 10 de mayo, nosotras madres, nos hacemos un regalo? Uno en el que visibilicemos, detalladamente, lo que hacemos en el cotidiano. Todo eso que hacemos, sí, por los demás (incluidos nuestros hijos, parejas y sociedad) pero sobretodo, por nosotras mismas.

Mencionemos que, desde antes de ser madres y por ser mujeres, tenemos que pensar en cómo vestirnos para hacer menos violentos nuestros paseos por las calles. Que, por ser mujeres, cuando buscamos trabajo, es muchísimo más difícil que se abra un lugar para nosotras en cuestiones que no estén relacionadas con el servicio y el cuidado de los demás. Que, por ser mujeres, se espera que en algún momento (más temprano que tarde) nos convirtamos en madres de familia para que eso nos haga verdaderas mujeres: completas, felices, realizadas.

Luego, gritemos que, cuando el momento de ser madre llega nos convertimos en verdaderas mujeres porque tenemos que “pagar casi en exclusiva” (como lo menciona Luz Sánchez-Mellado en su artículo de El País: Ellas paren, ellas lo pagan caro (2017)) el precio por tener hijos.

Como la crianza está, prácticamente, a nuestro cargo tenemos que sortear las vicisitudes para realizarlo al mismo tiempo que nuestros proyectos personales… cosa que es muy difícil de lograr puesto que el trabajo es muy pocas veces compatible con los hijos ya que el horario, la carga de trabajo y los ascensos no son amigables con las madres y con los padres. Pero como no es tan frecuente que el padre esté involucrado con la crianza, es la madre quien tiene que emplear su tiempo en los hijos, por lo que los ascensos y las promociones son nulas. También son inaccesibles, imposibles o, de plano un infierno, los trabajos considerados masculinos como la política, los negocios o cualquier otro que implique gran demanda horaria en relaciones públicas puesto que los horarios familiares no están en el radar social.

No es, solamente, que las parejas de las madres no se involucren con la crianza. Es que no hay tribu que apoye con la crianza porque, socialmente, no existe la visión de que los niños pertenecen a la sociedad y son parte de la misma. La visión es que la crianza es un asunto íntimo cuando NO lo es. La crianza es un asunto social que debiera involucrar a la comunidad entera.

Quiero decir que socialmente debiéramos buscar que la crianza se efectúe de manera más gozosa, menos preocupada por proveer lo mínimo necesario, con más naturalidad e involucramiento de todos para una mejor calidad de vida no sólo para las madres y sus hijos, sino para todos.

Observemos el ensayo La ciudad de los niños (1996) de Francesco Tonucci en el que se reflexiona acerca de la exclusión de los niños de la vida social urbana, ergo, de sus madres (o cuidadores). Dice Tonucci que una ciudad apta para los niños es una ciudad apta para sus madres, sus padres y sus abuelos. Exijamos esta ciudad aquí, ahora.

Por otro lado, en cuanto a las cosas de casa se refiere, hoy 10 de mayo, exclamemos vehementemente que llegamos a casa cansadas a continuar con las labores del hogar y lo concerniente a los hijos (bañarlos, cambiarlos, darles de comer, verificar que hagan la tarea, limpiar la cocina, hacer que vayan a tiempo a la cama) y que lo hacemos con alegría pero que nos gustaría más saber que tenemos compañía, que nuestra comunidad piensa en nosotras y nos apoya efectivamente.

La realidad que las madres vivimos es causa de que cada vez más mujeres decidan no exponerse a tener hijos. Yo tengo uno. Quisiera tener otro pero mi realidad no me lo permite. No podría dedicarle el tiempo, la dedicación, la atención que un niño necesita.

Reflexionar acerca de la maternidad es observar un problema con muchas aristas. El problema no es la maternidad es la forma en que la podemos -tenemos- que vivir.

Regalémonos, pues, la realidad que queremos. Que suceda dentro y fuera de casa. Hagamos cosas por nosotras mismas. Por nuestros hijos. Por la sociedad entera.

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Créditos

  • Texto:  Alicia Caldera. Es lingüista; compiladora del libro Historias de madres, historias con madre (Editorial Paraíso perdido); productora de la Dimensión Colorida; conductora en Seis grados de separación, en Radio Universidad de Guadalajara; profesora y madre.
  • Ilustración: Marco Sierra.

​CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión.

Fecha de publicación: 
Miércoles 10 de Mayo de 2017
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