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12 de octubre de 1925 - Se funda la Universidad de Guadalajara en su etapa moderna

12 de octubre de 1925 - Se funda la Universidad de Guadalajara en su etapa moderna

Una vocación viva

El espíritu con el que se engendró a la Universidad de Guadalajara sigue vivo en el discurso fundacional que su primer rector, Enrique Díaz de León, pronunció el 12 de octubre de 1925. Después de 89 años, aquel proyecto visionario y revolucionario sigue llevando educación y desarrollo a todo el estado de Jalisco

Por Alberto Spiller
La Gaceta de la Universidad de Guadalajara No. 807 - Publicado el 6 Octubre 2014

Curiosa e interesante por demás es la historia de la Universidad Real de Guadalajara. En el proyecto de su fundación no es ajena una migaja de rebeldía a los sistemas educativos imperantes”; con estas palabras, el 12 de octubre de 1925, Enrique Díaz de León inició, en un Teatro Degollado repleto de personas de todas las clases sociales pero sobre todo “de las más cultas de Jalisco” —como diría él mismo, pocos meses después, en ocasión de su primer informe de actividades—, su discurso en el acto inaugural de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Un discurso que, forjado con una prosa poética pero incisiva, repleta de citas clásicas y también de los realistas franceses, encierra en sí mismo los ideales y las aspiraciones del mismo Díaz de León, del grupo de intelectuales reunidos alrededor del Centro Bohemio y de una época de grandes cambios políticos y promesas por el futuro: la Revolución, el enaltecimiento de la cultura, el pensamiento científico como motor del cambio y la justicia social.

En las palabras de Enrique Díaz de León, primer rector de la UdeG, se pueden encontrar entonces los principios que llevaron a su reapertura en aquel 1925, y sobre todo la situación político-social de ese entonces. Aun si, al releerlas casi noventa años después, presentan en muchos aspectos una actualidad asombrosa.

Toda nuestra inquieta historia política está relacionada con la Universidad de Guadalajara. Su clausura o apertura era señal de que estaba en el poder uno u otro de los dos bandos contendientes”, refiriéndose a la pugna entre conservadores y liberales.

Y citando a Justo Sierra, “ese gigante, reverso del gigante egoísta del cuento de Oscar Wilde”, dijo: “Toda contemplación debe ser el preámbulo de la acción’”, cita, esta última, que no puede no evocar el “piensa y trabaja”, forjado en el Centro Bohemio, y que se convirtió y sigue siendo el lema de la máxima Casa de Estudio de Jalisco.

Los antecedentes

Enrique Díaz de León y Guadalupe Zuno fueron amigos desde la juventud. Juntos, fueron expulsados del Liceo de Varones por sus actividades anti-porfitistas, y luego deambularon intentando sobrevivir, moviéndose, inquietos, en los ambientes culturales y políticos de entonces. Zuno, pintor, como caricaturista en periódicos, Díaz de León, poeta, como profesor de gramática.

Ambos, son figuras determinantes para la refundación de la UdeG.

“El Centro Bohemio iba a ser integrado por pintores, pero eran muy amigos de Enrique Díaz de León”, explica Carlos Ruiz Moreno, coordinador de la maestría en Derecho, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades. “Y ‘le dieron chance’ a él y a sus amigos literatos. Allí empezaron a hacer conferencias, para ponerse al día de lo que se usaba en las artes y en literatura, y éstas fueron trascendiendo y fueron creando un ambiente propicio para consolidar un proyecto cultural y educativo en el estado. Porque las escuelas todavía tenían el puño porfiriano muy fuerte, y sentían la necesidad de cambiar las cosas”.

Esa, dice,  sería la lógica de la formación de la nueva Universidad de Guadalajara a partir de 1925.
Zuno fue quien guió esa transición “de unas instituciones separadas de la antigua organización colonial a integrarlas a la Secretaría General de gobierno como un paquete administrativo de responsabilidades, entre 1860 y 1925. El pensamiento de Zuno es estratégico, porque él reconoce que es el convocante de un grupo de intelectuales y artistas, alrededor del Centro Bohemio de Guadalajara, que  va a marcar la pauta de la reorganización de la educación media superior y superior, pero al mismo tiempo del derrotero en los años veinte de la investigación científica, tecnológica y humanística, así como de los programas de extensión y difusión de la cultura que debe conservar la universidad para  poder garantizar que el estado de Jalisco siga creciendo”.

El llamado

Sí, en efecto, por encima de todo, tenemos que contestar a los problemas cuya resolución vaya a llevar alivio al enfermo, pan al hambriento, actividad al brazo anquilosado, trabajo a la mano ociosa, justicia al desvalido”. Una universidad que en lugar de encerrarse en su “torre de marfil”, como querían los conservadores escolásticos, se volcara hacia la sociedad, que incluyera a todas las clases sociales y las diferentes capacidades. Esta era la universidad de la que hablaba Enrique Díaz de León en su discurso, y que se sustentaba en la Escuela Politécnica, fundada por él, como base de los saberes prácticos ligados a las tradiciones locales, para, en sus palabras, “…establecer una comunicación más íntima entre el obrero y el joven que mañana será hombre de ciencia…”, así que vieran “…la visión común de sus destinos, la similitud de su función social”.
Va la universidad a formar hombres”, afirma en otro punto, y más adelante: “Desentrañar, pues, todas las facultades, hacer surgir la fuente en la que abreven todas las ansias del conocimiento, debe ser el ideal de la educación. Abrir de par en par las puertas a toda vocación, vocación en el sentido prístino de la palabra, vocare: llamar. Sí, llamar… Debe ser una voz que llame a los hombres para que puedan descifrar su enigma…”.

Un proyecto educativo ambicioso

Ese 12 de octubre estaban cumpliéndose fechas muy importantes, explica Ruiz Moreno. “Enrique Díaz de León era diputado al mismo tiempo que director de la Preparatoria de Jalisco; a principio de septiembre presenta la iniciativa para reformar la ley de instrucción pública de Jalisco, que databa del tiempo en que era gobernador el coronel Miguel Ahumada, de 1904 a 1911. Las necesidades eran manifiestas, la educación había cambiado de destino, la Constitución del 17 era muy viva y reciente en ese momento, la Revolución quería formar de una manera más integral al ciudadano frente a las nuevas necesidades del estado reformador”.

Agrega que “la iniciativa fue muy ambiciosa, porque abarcaba desde la educación preescolar hasta la educación superior, y las aristas de las otras dos funciones sustantivas de la educación superior: la investigación y la extensión. El tiempo es muy corto, y el compromiso que incidiera en ese ciclo escolar (que empezaba a principios de octubre) era inminente. Ante esto, Díaz de León pide facultades extraordinarias para legislar en materia de educación al gobernador, Guadalupe Zuno, para que este organizara un proyecto de ley de educación pública, mismo que termina convirtiéndose en el primer proyecto de Ley orgánica de la Universidad de Guadalajara, que finalmente se promulga el 25 de septiembre de 1925”.

Zuno y Díaz de León, en este proyecto, siempre habían trabajado en grupo, con todos los intelectuales y artistas que gravitaban alrededor del Centro Bohemio: “Hay que reconocerle en este sentido la inclusión de dos mujeres: Irene Robledo, directora de la Escuela Normal de Jalisco en ese momento, y Catalina Vizcaíno, que va a ser la fundadora de la Escuela de Comercio; y a dos sacerdotes: José María Arreola Mendoza, que era el director del laboratorio de Física de la Escuela Preparatoria de Jalisco, y Severo Díaz Galindo, cuya casa es el actual Instituto de Astronomía y Meteorología de la UdeG, a los cuales le reconocemos los méritos como científicos más que como ministros de culto”.

Por lo tanto, la reapertura de la UdeG forma parte de un proyecto cultural y educativo más amplio, “que yo diría que se inspira en la reforma de mutatis mutandi que comienza en 1914 el gobernador Manuel M. Diéguez con la fundación de la Preparatoria de Jalisco, y que prolonga hasta 1918 con la apertura del Museo Regional de Guadalajara, que en una visión ampliada entró a formar parte en la fundación de la universidad”.

Hay una continuidad”, prosigue, “son antecedentes, es un mismo grupo que llega a fundar la universidad a través de varias etapas”.

Ejemplo de esta conexión, son las palabras que Enrique Díaz de León expresó ya en 1914, en ocasión de la puesta de la primera piedra de las escuelas Constitución y Reforma, en el edificio que actualmente alberga el MUSA y el Paraninfo de la universidad (y que se puede encontrar, al igual del acto inaugural de la UdeG y otros discursos pronunciados por él, en el libro Enrique Díaz de León: Revolución, Universidad y Cultura, editado por el Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG).

La Revolución, triunfadora ya, constituida en gobierno, inicia su obra de reconstrucción sobre la base de ingente necesidad de la difusión de la enseñanza pública (… ) El mismo abrazo poderoso de la Revolución, que detuvo el avance vergonzoso de un fanatismo que nos asfixiaba ya, es el que viene a colocar aquí, no la primera piedra material de un edificio, sino la piedra angular que será el sólido plinto de nuestra futura organización social”.

El fin y el principio

Aquel 12 de octubre, la universidad renació inspirada y cobijada por importantes madrinas: las universidades de Salamanca, París y California, y apadrinada por la Universidad Nacional de México, cuyo rector de entonces, Alfonso Pruneda, estuvo presente en el acto fundacional.

En éste, Díaz de León hizo un velado reconocimiento, lleno de significados, a Guadalupe Zuno: “Señor gobernador: esta universidad es principalmente obra vuestra en idea y acción. Yo no puedo hacer la loa de vuestro empeño porque tengo los labios sellados con el doble sello de vuestro carácter público y de la amistad que desde la infancia nos liga. Que vengan otros, que ya vendrán, pese a las impotencias que se retuercen en su inutilidad, a decir lo que esto significa para nuestro estado, para nuestra Nación”.

Y luego, a la fuerza que debería constituir el fulcro de cualquier institución educativa: “Jóvenes estudiantes: vosotros sois la médula de esta obra. Sois el fin y sois el principio de ella. Sois la universidad. No es algo ficticio que se forja, como las mentes aviesas aparentan creerlo, sino una virtud dinámica y vital, lo que mueve este organismo”.

A la luz de estas palabras, y de la obra que dejó Enrique Díaz de León (a la que hay que sumar la creación del Instituto Politécnico Nacional, cuando fue invitado a la capital por el presidente Lázaro Cárdenas), se le ajusta perfectamente una frase de Cicerón que él mismo solía citar, al hablar de importantes personajes: “El más grande homenaje que pudiera hacerse a los grandes hombres, no es admirarlos, sino imitarlos…”.

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Créditos

  • Texto: Alberto Spiller - La Gaceta Universitaria
  • Ilustración: Silvana Soffchi

​CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión

Fecha de publicación: 
Domingo 12 de Octubre de 2014
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